Bueno, pues aquí va la otra novedad prevista para el blog. Tenía intención de ir escribiendo algunas columnas de opinión pero no me decidía a cómo hacerlo. De forma que al final esta inquietud se ha cristalizado en registrar otro blog en wordpress. El nombre es: Demás y de menos. En él iré publicando columnas de opinión. No tengo decidida la frecuencia de las mismas, pero, supongo, que será cuándo me apetezca (sólo que espero que sea a menudo). Las entradas se podrán consultar en la página original (por ejemplo pinchando aquí) o bien recogidas aquí en Paseando el rato. Para estrenarlo vamos con la primera de ellas titulada “Bienestando”.

Bienestando

por Álvaro M. Angulo

La frase que he escuchado y leído más veces estos últimos días en los medios de comunicación ha sido: “El estado del bienestar”. A colación de la reforma de la Constitución que pretenden, y seguramente, aunque nos pese, llevar a cabo los dos partidos en mayoría de nuestro país. Pero, a su vez, también no para de emplearse por los que quieren frenar dicha alteración de la Carta Magna.

Leer en Demás y de menos…

Es en este momento cuando uno se inquiere a qué hacen referencia con esta concatenación de cuatro palabras. Googleando la oración aparecen, a día de hoy, aproximadamente treinta y dos millones de resultados. Pero, ¿qué es “el estado del bienestar”? Rebuscando dentro de esta marisma de información he encontrado alguna que me ha gustado más que otra. Entre ellas me quedo con ésta encontrada en el portal definición.de por sintetizar más que muchas otras, ser menos espesa usando términos económicos y darnos una idea de qué representa, además de incorporar casi textualmente la recogida en la RAE:

“En otro sentido, se conoce como Estado de bienestar al sistema social que busca eliminar las injusticias de la economía capitalista mediante la redistribución de la renta y la prestación de servicios sociales estatales para las clases sociales bajas.

La economía de bienestar es aquella cuyo principal objetivo es llevar los servicios y medios imprescindibles para una vida digna a todos los sectores de la sociedad.

El Estado de bienestar y la economía de bienestar suelen ser banderas levantadas por los partidos de izquierda y los movimientos socialistas moderados que adhieren al capitalismo. Los partidos liberales, en cambio, proponen la reducción de los servicios estatales al considerar que el libre mercado se encarga de derramar la riqueza sobre todas las clases.”

Teniendo en cuenta que la idea que se deriva de esta concepción del Estado, que busca compensar y eliminar las injusticias de la economía de mercado, tener que escuchar a diestro y siniestro usarla, tal vez con mucho más representante de lo primero pero con un fondo de los segundo, resulta cuando menos paradójico que para conservar el “estado de bienestar” queramos contentar a los mercados e inversores. Y no contentarles simplemente. No. Ni mucho menos. Tenemos que hacerlo integrando en nuestra Constitución un techo de gasto. De tal forma, según nos dicen, que demostremos lo cumplidores y responsables que somos.

Como estamos viendo parece que no es así. La privatización de servicios sociales y públicos es una exigencia y una práctica consolidada. No me voy a ir muy lejos, basta con echar un ojo a Madrid, máxime exponente de vender a precio de costo los servicios públicos con la noción, no sé quién la sostuvo en primer lugar pero éxito logró, de hacer pensar a muchos que en manos privadas funcionan mejor. No estoy de acuerdo. Es más, esta afirmación que tanto oímos repetir a pies juntillas es falsa. Un servicio necesario en manos de una empresa privada no funciona mejor ni ofrece garantías de hacerlo.

Echando un vistazo al futuro inminente que se avecina por no decir presente inmediato,  auspiciado por el entorno de crisis, como escusa perversa en innumerables ocasiones, estamos siendo testigos de cómo “el estado de bienestar” está desapareciendo. Las diferentes administraciones están recortando las partidas de presupuesto destinadas a educación, sanidad, pensiones, servicios de limpieza, etc. Cierto es que tienen mucho gasto y hay que destinarles mucho dinero. Pero es que es así. Es necesario y obligatorio gastar en conservar el “estado de bienestar”, no venderlo al mejor postor para sanear a corto plazo un balance de gastos. Y mucho menos de recibo pretender que no se deba poder gastar en ello limitándolo por ley o mediante reforma constitucional.

Por tanto, si todos estamos luchando por mantener “el estado del bienestar” no deberíamos contemplar cómo se desarbola el mismo. Viendo la recesión o crisis financiera en la que nos han sumergido queda por ver cuánto del mismo va a quedar después de tanto “ajuste necesario y obligatorio”. Porque no nos equivoquemos, si para conservar el “estado del bienestar” necesitamos desmantelarlo de cuál “estado del bienestar” estaremos hablando. De ese que tuvimos, que tuvimos que vender y deteriorar será la respuesta, no clara, claro está.

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