Publicado en Uemcom News el 26 de febrero de 2010

“No sé si ahora se detecta la depresión de manera más fina o es que la depresión es algo distinto a lo que nosotros pensábamos que es.” Charlamos con Rocío Moldes y Andrés Arriaga,  sobre la depresión en los universitarios. Rocío es socióloga y profesora en Dirección  de personas en la Facultad de empresa y en la Facultad de Ciencias del Deporte  en la Universidad Europea de Madrid. Por su parte, Andrés Arriaga es  Doctor en psicología por la Universidad de Deusto e imparte clases de Psicología médica en la carrera de medicina y Psicología de la salud en enfermería.

Álvaro M. Angulo

Andrés Arriaga y Rocío Moldes

Andrés Arriaga y Rocío Moldes

Hace algunos días salía publicado en el periódico El Mundo un artículo con el llamativo título de “Ser Universitario, deprime.” En él se planteaba un panorama bastante oscuro acerca de la vida de los estudiantes y la ansiedad que sufren. Para analizarlo y discutirlo quedamos con dos profesores de la UEM para conocer sus impresiones. Pudimos contar con Rocío Moldes, para tener un punto de vista sociológico, y con Andrés Arriaga, para aportar la visión de un psicólogo.

P: ¿Qué impresión tenéis sobre el artículo?

R.Rocío (RR): Me pareció oportuno el arranque del artículo, donde dice que algunas de las causas son los cambios, ya sea de residencia, de sueño, etc. Luego se  refiere también a los exámenes, las pruebas y la falta o ausencia de redes sociales. Me parece que últimamente estos son valores, aspectos que rigen la vida, no sólo de los universitarios sino de las personas. La idea del cambio me parece muy importante. Vivimos en una sociedad donde el cambio es algo que no se cuestiona, que se asume. Nadie pregunta por sus causas, pero todo el mundo sabemos que vamos a cambiar. Vamos a cambiar de empresa, vamos a cambiar de ciudad, vamos a cambiar de pareja. El cambio es algo que está omnipresente en nuestras vidas.

En este sentido me parece que es muy sociológico, porque la característica fundamental de nuestras sociedades es la adopción de la flexibilidad.  Eso se refleja muy bien en el mundo laboral. Antes se hablaba de la carrera como un  conjunto de actividades que configuraban toda la vida. En el inglés originario la carrera era un camino por el que transitaban los carruajes y ahora hemos pasado al job. ¿Qué es el job? Un trozo, un pedazo, ¿no? Es un fragmento que se puede acarrear, en ese sentido hay un corte y creo que es muy real y que lo experimentamos todos. Entonces no es tan fácil planificar, aunque está muy presente, ¿quién planifica a largo plazo?  El largo plazo ha desaparecido. Todo es corto plazo y en este sentido es inestabilidad, es una cierta inseguridad y es más difícil de manejar.

Seguramente dentro de 25 ó 30 años esta conversación no tendría sentido, pero en este momento yo no diría que estamos en una Era de cambio, yo diría que estamos en un cambio de Era. En este sentido, es verdad, estamos adoptando, estamos familiarizándonos con unos valores que todavía no están plenamente integrados y que tienen muchísimo efecto en nuestro carácter, es decir, cómo te haces a la idea de que todo es muy cambiante, sobre todo en un contexto que vivimos en un riesgo constante. No hay ninguna amenaza concreta, pero tenemos la sensación de que puede pasar cualquier cosa, entonces si hacemos con todo esto un cóctel, toda esta combinación de aspectos, hace que no sea fácil y que Andrés y los colegas tengan mucho trabajo porque no es fácil tener una vida con equilibrio.

P: Y tú Andrés, ¿qué opinas al respecto?

R. Andrés (RR) Hay cosas en la noticia que me parece que son muy lógicas, como la relación que se establece entre acontecimientos vitales potencialmente estresantes y el hecho de que se desarrolle una clínica (cuadro) de ansiedad o depresión. He leído el artículo con el sesgo de mis conocimientos y me he fijado mucho en los datos que ofrecen. El artículo y el medio que lo comunica apuestan más por lo impactante que por lo riguroso, ya que la metodología es poco fiable y las cifras de resultado son descabelladas. Es imposible con el instrumento de cribado halle un 63% de gente con depresión. Aunque lo dicen, la herramienta no cumple con los criterios de diagnostico de depresión, pero sí sería gente que pudiera sufrirla en un futuro. Ningún estudio de este estilo ofrece cifras tan descabelladamente altas.

Es verdad que existe una relación directa entre el acontecimiento vital (ingresar en la universidad) y la posibilidad de, potencialmente, sufrir algún tipo de desarreglo en el ánimo y en las emociones básicas. Al fin y al cabo, el miedo sustenta la ansiedad, y ésta es descontrolada y discapacitante. ¿Podemos atribuirle situaciones de cambio estresante a la posibilidad de desarrollar enfermedades? Sí. Y, ¿qué hoy en día es más o menos que antes? Ése sería otro tema.

P: Creo que el artículo lo que intenta es llamar la atención, ya sea por el titular o por el texto. No sé cuál es el caso que se da aquí en la Universidad Europea. ¿Creéis vosotros que hay muchos alumnos con depresión? ¿Hay muchos que solicitan ayuda?

RA: Esta universidad apostó hace algunos años por no seguir contando con un servicio de corte psicológico de atención al alumno. Desconozco las razones. Pero que haya un aumento en las solicitudes de servicios de atención psicológica tiene muchas veces que ver, no tanto con que haya un incremento en casos que puedan ser considerados como graves, sino con que, afortunadamente, existe un grado de conciencia mayor de disponer de una serie de servicios que prestan ayuda en un momento que uno se perciba a sí mismo como vulnerable.  Afortunadamente  todo esto de la psicología va desestigmatizándose cada vez más. Ya no es tan terrible como hace veinte años decir que uno va al psicólogo. Es conveniente sus disponibilidad porque existe una población vulnerable que en un momento dado tiene que afrontar una serie de cambios frente a los cuales quizá los chicos no han desarrollado -por las razones que sean- todas las herramientas suficientes. Aquí, entendemos que la universidad puede considerarse el evento estresante.

RR: La verdad es que a mí, en general, todas las encuestas que se hacen para apoyar un artículo de prensa me dan poca confianza.  Creo que habla de una tendencia que es real, que los chicos universitarios son una población especialmente vulnerable desde una perspectiva sociológica, pues son el reflejo de lo que es la sociedad. Al final del artículo la autora dice que tal vez habría que hacer hincapié en un conocimiento más racional. Me parece un poquito naif. Es decir, ¿cómo vamos a aprender eso si no sabemos muy bien qué enseñar? Vivimos en un momento de transformación, de continuo cambio, y más ahora con la crisis. Los servicios que se ofrecen son también un indicador. En los años sesenta no teníamos geriátricos, ni guarderías, ni gimnasios. Todas esas cosas reflejan un cambio de valores y también social. Que estos servicios estén tan omnipresentes me parece fenomenal.  Demuestran que ahora ir al psicólogo o al psiquiatra ya no es un estigma.

RA: Cada vez hay más requerimiento de servicios psicológicos, y es verdad, los psicoterapeutas han notado un aumento importante en el número de pacientes nuevos que piden sus servicios. Además, que haya una situación económicamente precaria lleva a la gente a tener sintomatología de tipo ansiosa y luego, algo más curioso -o más sofisticado desde el punto de vista psicológico- es que aun estando en una situación estable desde el punto de vista económico, hay una especie de premonición catastrófica en la gente que favorece toda la clínica ansiosa.

P: ¿Realmente creéis que los universitarios viven con esta ansiedad y estrés? O, ¿es quizás un poco exageración o reflejo?

RR: Para mi ser universitario en la actualidad no me parece un mal plan. Aquí en el contexto actual, me parece mucho peor ser un parado de cincuenta años, que es una situación mucho más difícil. Y se da en todos los ámbitos, por ejemplo conocemos a niños de siete años que tienen estrés. Esto me impacta. Ver que están ansiosos  y que necesiten un tratamiento. ¿Ser universitario deprime? Pues yo diría, no especialmente. Deprime una sociedad o un contexto social que no sabemos muy bien a dónde va y que además exige muchas respuestas. Vivimos en una sociedad que es muy competitiva. Hay que tener de repente muchas habilidades y muchas competencias y hay un contexto de inseguridad que se genera o que acaba en el ámbito, que Andrés ha definido, de la insatisfacción. Creo que este modelo, este momento histórico no son fáciles, pero no son más difíciles para un universitario.

RA: Pues no lo son especialmente ya que no tienen una edad ni están en un contexto especialmente “complicados”. Creo que hay esta especie de mirada mezquina hacia las nuevas generaciones; la manera como observamos a las generaciones que vienen detrás de uno, puede tener cierta falacia egocéntrica. Me refiero a la manera como los profesores a menudo tendemos al “es que como ahora los jóvenes…”. Siempre tiendo a ser bastante optimista y digo que aunque haya cambiado mucho el asunto, aunque los medios de comunicación, las redes sociales y el estilo de conducta cotidiana de los jóvenes sean distintos al de uno mismo, el pasado de uno no tuvo porqué ser mejor -o más saludable- que el presente de estos jóvenes.

En cada edad, psicológicamente, se van presentando una serie de retos impuestos por otros o establecidos voluntariamente. Lo que ahora se me configura como meta, ni aparecía hace diez años, y viceversa. ¿Están peor ahora los jóvenes y la sociedad de la información hace que se aíslen? Cuando salgo a tomar algo por ahí veo que los chicos de dieciocho años siguen haciendo cosas bastante parecidas a las que hacíamos nosotros a esa edad, igual que hubiera hecho mi padre a sus dieciocho si la historia no hubiera dejado acontecimientos de tanto peso en este tiempo. Porque en cada edad hay una serie de necesidades que cubrir, deseos que satisfacer y frustraciones que vienen de este gap que se da entre mi meta y el hecho de no alcanzarla. ¿Se deprimen más ahora? Yo siempre digo lo mismo: no sé si es que los que estamos por delante en las generaciones hemos sido capaces de desarrollar herramientas tan finas que detectan la depresión o es que se entiende que la depresión es algo distinto a lo que nosotros pensábamos que era. Puede ser una mezcla de las dos.

P: Podemos decir que ahora tenemos mejores herramientas para detectar la ansiedad y la depresión, y que hay muchos síntomas que están en la vida cotidiana de todo el mundo, no sólo de los universitarios.

RA: Hace veinte años la gente no hablaba del Trastorno de Ansiedad Generalizada ni de Trastorno del Pánico, la gente decía tengo unos nervios espantosos y me ahogo.

RR: Efectivamente, cuando yo me mudé a Madrid tenía que mantener una beca, estaba muy nerviosa para hacer los exámenes. Todos estábamos muy nerviosos, pero no decíamos tengo ansiedad, necesito un ansiolítico.  Cambiabas de ciudad,  de residencia, de amigos, todas esas cosas, y era algo natural de cuando eres joven.

RA: Volviendo a lo de antes, que ahora denominemos bajo un cuadro diagnóstico una serie de reacciones del individuo, no significa que estemos siendo eufemísticos. Si antes se decía “estoy nervioso” y ahora se dice “tengo un trastorno de ansiedad”, no es ni bueno ni malo, simplemente es ir afinando. Creo que cuanto mejor se atine en el vocabulario, cuanto más preciso sea, mejor nos acercamos a la realidad.

P: Se ha comprobado que la etapa de la adolescencia se ha alargado más años de los que duraba antes. Quizás condicionado por no tener una independencia propia. No sé si esta situación puede influir en encontrarse más vulnerables los estudiantes universitarios.

RR: Yo lo que sí veo, efectivamente, es que se ha alargado mucho el periodo de formación y en ese sentido, mientras me formo, necesito apoyo, ¿no? En esa medida que alargo el periodo de estar en casa y tengo esa generación que me apoya y que me cuida, pues puedo adoptar una postura de acomodarme. Uno se plantea, me voy de casa y quién me plancha, y  quién me lava la ropa, etc. A lo mejor aquí si estamos en un proceso un poco de infantilización, pero en general, tanto de jóvenes como de sus progenitores. Tú eres un individuo en un contexto y tienes que ir tomando decisiones. Ahora bien, si sociológicamente yo te pongo unas bases para que estés muy apoyado, pues es una cuestión de simple y llanamente de economía de esfuerzos. Para qué me voy a tirar al mundo, que no está del todo bien, mientras tenga este soporte.

RA: ¿Pero no te da la sensación de que se puede sacar casi la misma conclusión en cualquier grupo de edad? Quiero decir, por ejemplo, una mujer de cincuenta años divorciada hace tres, ¿cómo es su ocio? El ocio de esta mujer es como el ocio de personas de veinticinco años que se mueren por irse a bailar a una discoteca. Y al fin de semana siguiente van a hacer rafting. Hay ahí una especie de conducta regresiva, ¿no? Porque dicen los psicoanalistas que la regresión es la búsqueda de etapas previas en las que uno obtuvo satisfacción.

RR: Pero sociológicamente uno de los valores fundamentales de esta mujer será el querer volver a sentirse joven. Cuando tenemos setenta y dos años queremos ser jóvenes, y cuando tenemos cuarenta también queremos ser jóvenes.  Siempre queremos ser jóvenes. Éste es uno de los valores contemporáneos.

P: También podríamos mencionar todas las expectativas que tienes de la universidad, que pueden generar esta necesidad de vivir la mejor etapa de tu vida y el reto que supone.

RA: Yo se lo he preguntado esta mañana a los alumnos. ¿Os parece que es una edad dorada, vosotros que estáis empezando ahora en primero de carrera? Y dos o tres han dicho “para mi es horrible, estoy estresadísimo con los exámenes”. Y los otros han dicho “pues yo, de momento, esto es lo mejor que he vivido”. En primero de carrera uno vive esa especie de combinación de varias cosas: uno por fin ya es adulto, sus rasgos de personalidad ya han quedado bien afianzados y tienen la sensación de que han puesto el marcador a cero o de que se despojan un poco de la familia. La posibilidad de hacer nuevas redes sociales y nuevos amigos. Observar esto y percibirlo como una fuente estresante es una desventaja, porque, chico, tienes la energía, la edad y la posibilidad de hacer lo que quieras.

RR: Recuerdo que yo tenía poquísimo dinero y viví muchísimos cambios. A mí aquella época me sigue pareciendo uno de los momentos de mi vida de máxima ebullición y de máxima felicidad.  Un derrame de satisfacción permanente, porque era descubrir, descubrir y descubrir. Es que a los cuarenta puedes estar muy bien, pero hay muchas cosas que se repiten.

P: Para terminar, ¿qué consejo daríais en general a todos los estudiantes y en particular a los que noten que tienen algún síntoma de ansiedad o estrés?

RA: Yo les empezaría a contar que el estrés, al fin y al cabo, es una construcción. Es un artefacto intelectual que combina respuestas fisiológicas, motoras y cognitivas desagradables que vienen como el resultado de un desbalance que se da entre dos cosas; entre un evento que se percibe como estresante -que no necesariamente tiene que serlo a ojos de todos- y la percepción que uno mismo tiene de la posibilidad de afrontar esa situación. También les contaría lo beneficioso que resulta  el entrenamiento en habilidades que a uno le permitan en desplegar el armamento para poder afrontar una situación y esto se puede adquirir y se puede entrenar de la misma forma que uno aprende inglés o cualquier otra cosa. Por otro lado, si ya se ha presentado toda la sintomatología y uno sufre, no pasa nada por ponerse en manos de un profesional que con mucha probabilidad va a ayudarle a salir del momento desagradable que esté viviendo. Quizá sería interesante que la universidad retomara la idea de contar con un departamento de ayuda psicológica a sus estudiantes tal como existe en otras instituciones universitarias.

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