Publicado en Uemcom News el 26 de febrero de 2010

Durante la penúltima semana de Febrero ha tenido ocasión la edición ARCO 2010 . El espacio que la ha albergado han sido dos pabellones del recinto Ifema. Esta Feria de Arte Contemporáneo, con el paso de los años se ha convertido en una cita obligada para todo el mundo del arte en España y a nivel internacional, y en esta ocasión, ha continuado su estela bajo la controversia de algunas de sus obras y de su concepción.

Álvaro M. Angulo

El pasado fin de semana tuvo lugar la última edición de la Feria Internacional de Arte Contemporáneo. Comúnmente conocida por sus siglas, ARCO. A esta ocasión, en vez de un país, como venía siendo costumbre, se invitó a una ciudad para dar a conocer a sus artistas. La ciudad elegida no fue otra que Los Ángeles. Con un pabellón menos que el año anterior las expectativas no eran las más halagüeñas, pero a posteriori, se ha notado un ligero incremento de las ventas comparado con las últimas ediciones. Pero conviene recordar el carácter profesional de esta feria. ARCO es un espacio de encuentro para los artistas, marchantes, expositores, galeristas y compradores. Con el atractivo de contar con un espacio exclusivo para sus quehaceres, pero, sobre todo, para darse a conocer al mundo profesional y de paso al gran público. ARCO no es una exposición como las que encontramos en los museos, es más grande y supone un desafío a los visitantes. Una vez accedes al recinto tus sentidos se verán saturados por todas las propuestas que te asaltan. En este sentido destacan los conceptos provocativos en detrimento de obras más elaboradas. Se podría tildar de preferir el llamar la atención con las ideas, que el plasmar las mismas de una forma llamativa. A mi modo de ver, se han echado de menos  algunos cuadros y esculturas más trabajadas y menos ideas reivindicativas. Pero esto es una opinión personal y subjetiva, desde donde se supone que apreciamos el arte, y más todavía si éste es abstracto y moderno.

En la visita no guiada por los pabellones de Ifema te asaltaban las sensaciones según caminabas entre los stands. En un primer vistazo querría destacar la obra de Rebecca Campbell, que en su stand, con unas pocas obras salteadas por las paredes, demostraba un gusto fino que se plasmaba en dos de sus lienzos donde hacía un derroche de color y de formas.  Una agradable sorpresa  fue encontrar el espacio que habían contratado varios artistas chinos. Una escultura que enreda con la perspectiva hacía las delicias de los visitantes y proponía un divertido juego de distorsión de la realidad. En este mismo espacio dos cuadros muy elaborados mezclando materiales dejaban entrever un gusto por el detallismo y la plasticidad, que enlazaban con el arte tradicional oriental. Estas obras contrastaban bruscamente con varios lienzos de superhéroes deformados junto con tres figuras esculpidas con una lente como rostro. Y hablando de esculturas, hay que destacar a un robusto toro a gran tamaño realizado con neumáticos, una esfera o estrella elaborada con fragmentos de madera, un budista rojo escuchando un Ipod o una calavera rememorando las bolas de discoteca. En cuanto a las pinturas y fotografías enfatizar también varias de ellas, desde un preciosista retrato de una mujer japonesa, a una serie de cuadros hiperrealistas, unas cuantas fotos en blanco y negro de interiores con elementos meteorológicos añadidos, las diferentes apuestas por plasmar escaleras, y unos lienzos surrealistas que mezclaban foto, pintura y elementos fluorescentes.  Me gustaría aprovechar la ocasión para centrar la atención en un autor, Jason Martin. Con sus obras monocromáticas elaboradas sobre aluminio, el autor británico consigue una uniformidad en sus cuadros y un estilo único fácilmente reconocible, ya que jugando con los propios trazos de la pintura y los efectos de la luz sobre el propio lienzo.

Pero en esta edición de ARCO no podía faltar la polémica, y a falta de una, dos son las que ha dado esta edición. En primer lugar la obra de Jesús Merino, sobre todo la escultura de tres hombres religiosos, que provocó que la Embajada de Israel manifestara su malestar. Posturas religiosas aparte, lo que han conseguido es que la escultura se convirtiera en el punto de peregrinación de la feria, resultando el stand con más gente alrededor y dónde todos quieren hacerse la foto para decir que han estado allí. Y por otro lado tenemos las declaraciones por parte del director del museo Reina Sofía, Manuel Borja-Villel, quien ha pedido un  cambio en la concepción de ARCO y a su dirección, la cual ha tildado como “un mercado provinciano” donde prima el número de galerías y de ‘stands’. Para el director del Reina Sofía, “es el momento de sentarse y volver a lo básico. Y lo básico no es vender metros cuadrados. Esto es lo equivalente a la cultura del ladrillo, y de algún modo en IFEMA hay esta idea de que lo importante es cuantos más stands vendas, cuantas más galerías haya, es mejor, y no es cierto. Lo que importa en una feria de arte es el arte, y si el arte es malo, la feria no tiene sentido.”

Polémicas y opiniones sobre ARCO hay y habrá, y posiblemente todavía surjan, tanto a favor como en contra; pero no conviene olvidar la oportunidad que supone para todos los asistentes de disfrutar, de forma condensada, eso sí, de multitud de obras, con precios desorbitantes y al alcance de muy pocos, que, en general, no te dejarán indiferente.

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